Wednesday, August 30, 2006
SOBRE EL FIN DE ETA.
Análisis de Perogurullo.
Es cierto que todos queremos que ETA deponga las armas, también es cierto que muchos nos hacemos cábalas sobre cómo ha de ser el camino para conseguir la paz, pero ha sido la explicación de mi amigo Perogurullo una de las que más me han llamado la atención.
Exponía el famoso filósofo Perogurullo que no cree muy factible que los gudaris etarras formen prietas filas a las puertas de las prisiones, con las armas en las manos, dispuestos a entregarlas al tiempo de ser encarcelados, no sin antes pedir ser expuestos para su escarnecimiento publico y aceptar las justas vejaciones de quienes han sido sus víctimas, de los familiares, amigos de éstas y demás personas de bien. Razonaba Don Perogurullo que exigir esto, era lo mismo que no querer que termine la guerra ilegal e injusta que los etarras declararon a los españoles.
Creo que verdades lapidarias son las que salen de la boca del autor de una frase tan famosa como aquella de que “una mano cerrada, es un puño”.
Algo así debía pensar Don José María Aznar cuando el 3 de marzo de 1998 –después del asesinato de Miguel Angel Blanco- declaraba que “si ETA decide dejar las armas, sabré ser generoso”, es más durante su período de gobierno, excarceló a 311 etarras, de ellos 64 estaban condenados por asesinatos múltiples, algunos a más de 200 y 300 años.
Es cierto que todos queremos que ETA deponga las armas, también es cierto que muchos nos hacemos cábalas sobre cómo ha de ser el camino para conseguir la paz, pero ha sido la explicación de mi amigo Perogurullo una de las que más me han llamado la atención.
Exponía el famoso filósofo Perogurullo que no cree muy factible que los gudaris etarras formen prietas filas a las puertas de las prisiones, con las armas en las manos, dispuestos a entregarlas al tiempo de ser encarcelados, no sin antes pedir ser expuestos para su escarnecimiento publico y aceptar las justas vejaciones de quienes han sido sus víctimas, de los familiares, amigos de éstas y demás personas de bien. Razonaba Don Perogurullo que exigir esto, era lo mismo que no querer que termine la guerra ilegal e injusta que los etarras declararon a los españoles.
Creo que verdades lapidarias son las que salen de la boca del autor de una frase tan famosa como aquella de que “una mano cerrada, es un puño”.
Algo así debía pensar Don José María Aznar cuando el 3 de marzo de 1998 –después del asesinato de Miguel Angel Blanco- declaraba que “si ETA decide dejar las armas, sabré ser generoso”, es más durante su período de gobierno, excarceló a 311 etarras, de ellos 64 estaban condenados por asesinatos múltiples, algunos a más de 200 y 300 años.
